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Photo by Patrik Michalicka on Unsplash

Empezaremos por una breve introducción a la materia. Algunos de los elementos que evalúa y trabaja el marketing son: la identidad corporativa, la identidad visual corporativa y la imagen de marca. Pero ¿cómo definiríamos cada uno de estos términos?

  • Detrás de la identidad corporativa están las creencias, los valores y aquello con lo que una empresa se identifica.
  • La identidad visual corporativa es la manifestación física de la marca y hace referencia a los aspectos visuales de la identidad. A través de ésta, recogemos el origen, la trayectoria, los proyectos y los principios que la fundamentan y que ilustramos a través de todos aquellos elementos gráficos y visuales propios de una corporación o empresa. La identidad visual corporativa es el sello a través del cual una empresa quiere ser identificada y distinguida entre el resto de las corporaciones o empresas del sector; y, sobre todo, es la base para la comunicación entre la organización y sus públicos objetivo. Por tanto; ante un escenario de suma importancia como éste, no siempre es sencillo determinar el “cuándo”.
  • La imagen de marca se define como la percepción que tienen los clientes de la empresa u organización.

Todas las marcas alguna vez a lo largo de su historia renuevan su identidad visual corporativa; por ejemplo Apple, lo hizo en varias ocasiones.

¿Cuándo hacerlo? Veamos cuáles podrían ser los 4 principales motivos:

El primer motivo sería cuando estamos llevando a cabo ajustes en nuestra identidad corporativa. Tal y como ya apuntábamos, la identidad corporativa de una empresa no es otra cosa que su razón de ser: qué es, qué hace y cómo lo hace. Es la suma de características, valores y creencias con las que una empresa se identifica, y gracias a las cuales, se diferencia del resto de empresas, a lo largo del tiempo.

El segundo podría ser, cuando percibimos que nuestra identidad visual corporativa se ha quedado muy atrás: la identidad visual corporativa se diseñó hace muchos años y hoy en día ya no está alineada. La línea de diseño no es acorde a los tiempos que corren y esto desacredita y enturbia la reputación de la empresa.

El tercero motivo sería que la empresa ha introducido cambios en su actividad o portfolio de productos y/o servicios. Una empresa cuando nace se dedica a una serie de actividades porque la sociedad demanda una serie de servicios y de productos, pero el mundo avanza y lo que la sociedad quiere hoy en día no es lo mismo que hace unos años. Por ello, al igual que los consumidores cambian de gustos y necesidades, las identidades visuales corporativas de las empresas deben o pueden ser susceptible de cambiar también.

Finalmente y como consecuencia del punto anterior, encontraríamos un cuarto motivo, en un ejercicio estratégico bien de proactividad o bien reactivo: el público objetivo ha cambiado.
Si nuestros clientes o prospectos ya no tienen un perfil como el de hace años, si tienen características y gustos distintos, también es el momento de renovar la identidad visual corporativa. Cambios de propiedad, fusiones, integraciones o bien porque la empresa decide que debe modernizarse y llevar su proyecto empresarial más allá.



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