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[Autor invitado: Aitor Mendikute]

Leí una vez, que nunca verás a un delfín contarle el cuento de “El Zorro y el pan” a otro delfín. Quizás sea porque no son mucho de charlar, o sencillamente porque nunca un delfín ha visto un zorro, la cuestión es que la manera en la que los humanos transmitimos el conocimiento es única, y es lo que nos hace diferentes de las demás especies.

 

Podríamos decir que el storytelling (o el arte de contar historias) es una técnica que hemos ido perfeccionando generación tras generación, y que nos ha hecho ser quienes somos y llegar hasta donde estamos. Aquello que, al comienzo de nuestra evolución se utilizaba para explicar la procesión de los astros o para comunicar dónde se encontraban los pastos más fértiles, ha ido evolucionando hasta convertirse en una herramienta fundamental para comprendernos a nosotros mismos y nuestro lugar en el universo.

 

El storytelling ha perdurado a lo largo de tantos siglos porque los humanos entendemos y aprendemos a través de las emociones, si algo no nos emociona, no nos llega, y si no nos llega, no lo retenemos. ¿Por qué en el mundo apenas hay personas que sepan de memoria los primeros dígitos del número PI, pero sin embargo hay tantas personas que se saben la biblia palabra a palabra, siendo ésta mucho más extensa? Bueno, porque hay una historia detrás.

El requisito fundamental de una historia es que debe tener un conflicto, una situación de elección entre dos decisiones opuestas, que un protagonista deberá resolver. A mayor conflicto, mayor tensión, y cuanto mayor sea la tensión, más nos enganchamos a la historia. Porque las personas, como seres imperfectos que somos, vivimos en la constante búsqueda de mejorar y evolucionar, y esto lo conseguimos a partir de sobreponernos a los conflictos a los que nos enfrentamos, es por ello que nos gusta ver cómo los demás también lo consiguen.

 

Por mucho que hayamos evolucionado a lo largo de los siglos, es significativo que sigamos preocupados por las mismas materias que hace milenios: conflictos profundos que atañen a la humanidad sin distinción de época, lugar o contexto; temas esenciales e inherentes al ser humano, tales como la libertad, la muerte o el amor, con los que lidiamos cada día.

 

En cuanto a la capacidad para narrar una historia, es una habilidad con la que todos hemos nacido y crecido, pero que no todos explotamos, y que tiene una gran aplicación en nuestro día a día. Ya sea en el ámbito personal o en el profesional, podemos utilizar esta herramienta para llegar y conectar a  otro nivel con quien deseemos.

 

Vivimos rodeados de historias, desde mitos y leyendas, hasta los propios sueños, pasando por anécdotas o recuerdos, incluso podríamos decir que todos somos y tenemos una historia. Somos los protagonistas de nuestra propia historia, y a la vez formamos parte de una más grande, y el conocimiento sobre cómo gestionar, estructurar y compartir estas historias nos puede resultar muy útil a la hora de desarrollarnos.

 

Por ello, la próxima vez que escuches el cuento de “El Zorro y el pan”, sabrás que es mucho más que la historia de un zorro y una anciana, es el reflejo de nuestros miedos y deseos más profundos y la manera en la que lidiamos con ellos.

 

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